9- ACROSPORT MELENCHONERO


LOS MELENCHONES:

Los melenchones son composiciones formadas normalmente por estrofas de cuatro versos entre los que se puede intercalar otra con estructura diferente, a forma de  estribillo. Tratan temas cotidianos con lenguaje sencillo en el que la ironía, la crítica o la picardía de lo dicho con medias palabras  sirven para divertir y entretener  en actividades lúdicas o durante el laboreo colectivo. Era frecuente escucharlos en las reuniones vecinales cuando las familias se reunían para la matanza del cerdo, también en las tareas de la recogida de la aceituna,  o en las romerías y principalmente en las conocidas"Lumbres de San Antón". Según algunas fuentes, la tradición remonta este tipo de cantos populares a tiempos del Condestable de Castilla Miguel Lucas de Nieva, que adoptaría el nombre de Iranzo. Al servicio del Juan Pacheco, marqués de Villena, a pesar de su origen humilde, Lucas de Iranzo llegará a ocupar cargos importantes en la corte castellana. Nombrado Alcaide de Jaén, se trasladó a esta ciudad (1459) en la que moriría asesinado en el año 1473. Hizo importantes reformas que afectaron al urbanismo y las costumbres de la capital. Entre ellas, la exaltación al culto de San Antón. En estas fiestas religiosas se incluían cantos populares a forma de villancicos que se consolidaron en el siglo XIX por impulso e influencia de grupos ganaderos. Los melenchones se cantan y se bailan principalmente en la fiesta de San Antón, asociándose a las hogueras en torno a las cuales se organiza la danza. Como en otros lugares de Europa y Andalucía, era costumbre en la Edad Media quemar los restos sobrantes de las tareas agrícolas realizadas durante el invierno y que habían quedado inservibles para posteriores faenas. Al fuego se arrojaban muebles viejos, capazos impregnados de aceite (material ideal para la combustión), ramones y tirajitos



LEYENDAS DE JAÉN: 

"Descenso de la Virgen" en San Ildefonso

En una desesperada situación por el acoso continuo de los ejércitos moros granadinos, en la noche-madrugada del sábado 10 al domingo 11 de junio de 1430, se cuenta que ocurrió un hecho extraño y sobrenatural. Muchas personas humildes y sencillas, desde cuatro lugares diferentes del llamado “Arrabal de San Ildefonso”, fueron testigos de un extraño cortejo procesional frente a la actual Iglesia de San Ildefonso.
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Narra la crónica que justo cuando la ciudad iba a caer a manos de los granadinos, de una fulgurante luz que sobrevolaba Jaén, descendió una "Señora", vestida con resplandecientes ropajes y con un niño “bien criadillo en los brazos”, llevando a la derecha a un clérigo y a la izquierda una mujer con aspecto de beata, presidían una extraña procesión en la que figuraban las cruces parroquiales de la ciudad y una numerosa milicia de hombres de guerra detrás. La procesión, de la que emanaba una extraña luminosidad, recorrió algunas calles del arrabal, deteniéndose luego a espaldas de la Capilla de San Ildefonso, donde había aparejado un altar en que se ofreció una ceremonia litúrgica entre cantos sobrenaturales incomprensibles para los atemorizados jiennenses que contemplaban las escenas. Todo aquello, dicen, se esfumó cuando en los campanarios de la ciudad se escuchó el toque de Maitines. La piedad popular interpretó aquella visión fantasmal como un prodigioso "Descenso de la Virgen María a Jaén".
Ciertamente, desde 1430 a 1492, los giennenses resistieron con fuerza los sucesivos ataques, que incluso repelieron con éxito. Agradecidos a esta ayuda y patrocinio celestial, cuya luz acompañaba desde el cielo a los jiennenses en sus batallas, en el lugar donde había finalizado aquella misteriosa "procesión", se colocó una talla de la Virgen, posiblemente extraída de un retablo anterior. Las gentes comenzaron a visitar a esta imagen que, por pertenecer a la Capilla de San Ildefonso, llamaron “de la Capilla”.



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